Entre los años 1347 y 1353, Europa vivió uno de los episodios más devastadores de su historia con la llegada de la Peste Negra, una pandemia que acabó con la vida de millones de personas y redujo la población del continente entre un tercio y la mitad. En algunas ciudades, la mortalidad alcanzó cifras cercanas al 80%. El impacto también fue enorme en las zonas rurales, ya que la falta de trabajadores provocó el abandono de campos de cultivo y la desaparición de numerosas comunidades agrícolas.

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