Aquellas y aquellos que no sigan el tenis, tal vez hayan oído hablar alguna vez de Aryna Sabalenka, quizá de refilón o porque simplemente se la hayan encontrado de manera fortuita en las redes sociales. De Elena Rybakina, sin embargo, prácticamente no hay rastro más allá del entorno tenístico. Ahora, así funcionan las cosas, la historia depara un brusco giro de guion y la sigilosa ascensión de la segunda —nueva número uno al haber alcanzado las semifinales de Nueva York, como así se lo exigían las cuentas del ranking— simboliza la pérdida del trono para la primera. Dos mundos y dos estilos radicalmente distintos. La exhibición constante de una contrasta con la invisibilidad de la otra.

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