El Villarreal le ganó a la Real en un partido delicioso y que pudo acabar de cualquier forma. La primavera florece en La Cerámica. Buen tiempo, manga corta, el solecito de la tarde que va cayendo y unos futbolistas sin la astenia de estos meses en los que está casi todo definido, pero queda casi todo por definir. Florece también el fútbol vistoso, a veces a tumba abierta, pocas veces intrascendente, con fuegos de artificio. Todo tenía un propósito, el de llegar al gol, sin especular. Y el Villarreal interpretó sus opciones de maravilla en la primera parte después de un comienzo prometedor de la Real, pero ninguno de sus intentos acabó en la red.

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