El detonante viene de lejos. Ocurrió en la penúltima jornada del curso pasado, cuando el presidente Chen Yansheng, atento al fin al clamor popular de la grada, decidió destituir al director deportivo Rufete, también al técnico Vicente Moreno. Por más que no se jugara nada, ya se había logrado la salvación tras un año en los alcantarillados y su sucesivo ascenso, y la cúpula blanquiazul se reunió para dibujar los nuevos trazos a seguir. Se trataba de reconfigurar una plantilla que, entendía, se estaba quedando obsoleta además de cara. Así, capricho o chisgarabís de Chen, se designó al secretario técnico Domingo Catoira como nuevo director deportivo, aunque se sabe que no seguirá en el próximo curso por sus decisiones y también por sus desavenencias con el CEO blanquiazul Mao Ye Wu. La decisión presidencial, en cualquier caso, desencadenó un tropiezo tras otro para dejar ahora al Espanyol en los huesos, atornillado en el fango de Primera y a lomos de un Luis García que se postula como el redentor, todavía incapaz de voltear la situación, aunque este viernes consiguiera un empate ante el Cádiz que cortó las seis derrotas seguidas del equipo. “En el club hay una sensación de que el rumbo y las personas que se han ido incorporando a lo largo de estos años no ha coincidido con lo que se quería proyectar. Ha faltado alineamiento”, esgrime una voz autorizada de la entidad.

