La FIFA lleva años afinando su lenguaje sobre el legado. Desde Brasil 2014 lo ha vinculado a fondos específicos, uso posterior de infraestructuras, desarrollo del fútbol y, en los últimos torneos, también a sostenibilidad e impacto social. En Qatar 2022 incluso habló de llevar “el concepto de legado al siguiente nivel”. Pero en esa arquitectura de indicadores siguen faltando aquellos que lo enlazarían a su propio lema.

