Desde hace décadas, sobre todo a partir de la II Guerra Mundial, algunos de los métodos más eficaces de tortura se basan en la privación sensorial, es decir, la restricción parcial o total de estímulos, que se aplica a uno o varios sentidos, y que puede tener consecuencias extremas en el ser humano: desde trastornos visuales hasta el desarrollo de fobias, alucinaciones, miedos…

