Termina esta última experiencia de Paula Badosa en Madrid –doble 6-4 favorable a la griega Maria Sakkari, tras 1h 29m– de una forma similar a la del año pasado, una ronda más que entonces; sin embargo, difiere de manera sustanciosa el fondo. Del llanto y la amargura a la aceptación de este Día del Trabajador porque, dice, todo forma parte de un proceso. “Obviamente estoy fastidiada, pero estoy aprendiendo a gestionarlo. Soy una persona muy autodestructiva y me vengo, me venía…”, matiza con una breve pausa, “abajo rápidamente. Poco a poco, intento ver las cosas con más perspectiva, porque en el tenis pierdes cada semana y si no, esto sería un sinvivir”.
SHERIF, HISTORIA PARA EGIPTO
Se llama Mayar Sherif, y ya es historia del tenis egipcio. A sus 26 años y al igual que Zapata, debutante en unos octavos de un 1000, se convirtió este lunes (6-4, 0-6 y 6-4 a Elise Mertens) en la primera jugadora de su nacionalidad en progresar tan lejos en un torneo de esta categoría. Doble mérito, por la dificultad que entraña una cita como la de Madrid y porque no lo ha tenido nada fácil.
“Nadie de mi país había llegado ni de cerca a donde estoy ahora yo. No tenía apoyo de la federación ni de los patrocinadores”, cuenta a los periodistas, a los que relata el origen de su nexo con España. Hace una década se puso en manos de Justo González Martínez –de la academia de Ferrero en Villena (Alicante)– y después de probar en los Estados Unidos, se instaló en Elche.
“Me ha ayudado incluso poniendo dinero de su bolsillo”, dice en un más que correcto español. “Me gusta la paella, las croquetas, todo… Intento comer bien, pero aquí es difícil”, bromea la 59ª del mundo, que admira a Rafael Nadal y a Kim Clijsters, y que a la pregunta de este periódico, define su tenis como el de una “guerrera”.
Ella fue el nombre propio de un día en el que se acabó la aventura de la rusa Mirra Andreeva. Con 16 años recién cumplidos, fue frenada (6-3 y 6-1) por la defensora del título, Aryna Sabalenka, rival de Sherif en los octavos de este martes.

