Hubo un tiempo en el que ser segundo en LaVuelta con 23 años parecía el comienzo de todo. Enric Mas era joven, escalador, español y acababa de subir al podio de una gran vuelta cuando todavía estaba descubriendo hasta dónde podían llevarle sus piernas. Aquel resultado de 2018 no se interpretó únicamente como un éxito. Fue el señalamiento de un heredero. España venía de acostumbrarse durante demasiados años a Contador, Valverde, Purito Rodríguez, Samuel Sánchez, Carlos Sastre u Óscar Pereiro y necesitaba encontrar al siguiente. Mas apareció en el momento preciso y cargó, quizá demasiado pronto, con ese papel. Las palabras de Alberto señalándole como su heredero avivaron el proceso.

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