En un fútbol donde hay mucho más dinero que talento, el último en venderse será el hincha. Se sienten, con razón, guardianes de la esencia de su club. Gritan por miles y conforman una voz poderosa. Las redes, además, los convirtieron en brigadas de odiadores digitales. Casi siempre apuntan al enemigo, pero también hay fuego amigo.

