Ya era jueves en Liévin cuando Mo Katir pudo abandonar el pabellón de deportes. Lo hacía aún ebrio de alegría, con la vejiga vacía y sin las zapatillas blancas en su bolsa de deportes. Eran las consecuencias de haber batido poco después de las 10 y cuarto de la noche del miércoles el récord de Europa de 3.000m con una marca (7m 24,68s) que habría sido récord del mundo si no fuera porque, increíblemente, otro atleta en la carrera francesa, el etíope Lamecha Girma, corrió aún más rápido (7m 23,81s).

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