El Barça perdió el apetito por la Liga el día en que podía facturar medio título después de que el Madrid empatara con el Atlético en el Bernabéu. El empate del derbi madrileño no estimuló precisamente a los azulgrana sino que provocó la desgana en un equipo que si alcanzó el liderato fue más por correr que por jugar, por robar la pelota que por elaborar su fútbol, por ganar las áreas con Ter Stegen y Lewandowski. El portero encajó el octavo gol del torneo y el ariete no compareció en una cita esperpéntica del Barcelona. El 1-0 tan asociado a los azulgrana jugó por una vez en su contra y a favor del Almería. El caos azulgrana contrastó con la organización dispuesta por Rubi y los andaluces pudieron cantar por fin victoria ante un adversario al que no habían podido doblegar en 13 partidos de Liga y dos de Copa.

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