Cuando se disputa ElClásico en mi casa hay algo más que tres puntos en juego. Desde que conocí a mi mujer, nueve años atrás, y descubrí que era del FC Barcelona a pesar de haber nacido en Madrid, instauramos una tradición que volveremos a repetir con el partido de este domingo: hacer pequeñas apuestas para recompensar al ganador y poner en un compromiso al perdedor. Este domingo, por ejemplo, hemos quedado en que, si ella gana, yo me tendré que poner una camiseta de Piqué. Y si pierde, seré yo quien tenga la satisfacción de inmortalizar el momento con una fotografía cuando se enfunde la elástica de Carvajal, nuestro lateral derecho. A mis 38 años, yo también puedo decir en cierta manera que juego ElClásico.

