A principios de noviembre se estrenó en la portería del Real Oviedo el francés Quentin Braat. Podría ser un debut más de todos los que, a mis 22 años, he visto en el club en el que llevo más de media vida como abonado. A mí, sin embargo, me hizo una ilusión especial, ya que fui uno de los aficionados que más hizo por conseguir su fichaje el pasado verano. Al menos por la difusión que hice en redes sociales recomendándolo. Cuando empezó a sonar como uno de los posibles refuerzos del Oviedo me sorprendí porque era un jugador desconocido para el aficionado español. Pero yo, por motivos laborales, sí estaba familiarizado con su juego. Trabajo como ojeador para el San Fernando de Cádiz, un equipo de Primera Federación y había seguido muchos de los partidos de Braat con el Chamois Niortais de la segunda división francesa, una competición que solo se puede ver en algunas plataformas por internet. Dedico mi jornada laboral a repasar un partido tras y otro, hasta 15 puedo llegar a presenciar en una tarde para seleccionar las jugadas que me parecen más interesantes.

