Mi padre siempre quiso que fuera del FC Barcelona. Lo intentó por todos los medios: me ponía a ver los partidos con él, me regalaba camisetas de Rivaldo (la estrella azulgrana de los noventa), me daba discursos para tratar de convencerme de que el Barça era lo mejor… pero no hubo manera. El día que vi a Raúl marcar un gol ya mítico en el Camp Nou, allá por 1999, me hice irremediablemente blanco, como mi madre y mi abuelo. Yo solo tenía 6 años y esa imagen en el salón de casa, frente a la televisión, me ha quedado grabada como mi primer recuerdo futbolístico.

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