Íbamos por este Mundial como montados en un trenecito de montaña rusa que subía la empinadísima rampa lentamente, traqueteando, con una cadencia perezosa, necesitando casi tres semanas para desprenderse sólo de dieciséis vagones-selecciones.


Íbamos por este Mundial como montados en un trenecito de montaña rusa que subía la empinadísima rampa lentamente, traqueteando, con una cadencia perezosa, necesitando casi tres semanas para desprenderse sólo de dieciséis vagones-selecciones.