El fútbol no me interesaba cuando era una niña. Me fijaba en mi padre y en mis tres hermanos en los días de partido, hinchas del Real Madrid hasta la médula: nervios al principio, inmensa alegría si ganaba, y mucho enfado si perdían. Son mis primeros recuerdos de mi casa en Briviesca, un pueblo de Burgos a una hora en coche de Bilbao. Allí me fui a estudiar Publicidad y allí conocí a Juan Ángel, mi marido. Su primer regalo de novios fue chocante, la verdad. Me sorprendió con una entrada para ver jugar al Athletic Club. “Menudo regalo”, pensé entonces.

