En septiembre de 2020, mientras Argentina atravesaba uno de los confinamientos por la pandemia más traumáticos del mundo, Diego Maradona escribió en Instagram para exigir pagar más impuestos. “Le pido a Dios que se apruebe la ley de Aporte Solidario de Grandes Fortunas”, escribió en un mensaje que acompañaba una foto suya de adolescente, frente a su casa de la infancia en la empobrecida periferia sur de Buenos Aires. “En este momento de crisis se necesita de la ayuda de los que más tenemos”. El mejor futbolista de la historia murió dos meses después, el 25 de noviembre, y no vio al Senado argentino aprobar el impuesto extraordinario a los más ricos con el que el Gobierno pretendía aliviar el golpe del coronavirus. La medida levantó astillas, incluso entre algunos futbolistas que se negaron a pagarlo. Pero Maradona, como siempre, había preferido defender de frente lo que consideraba más justo.

