El Madrid más pacato en siglos abdicó en Mánchester ante un City abrumador que le dio una lección histórica. Un baño para el campeón, que no dijo ni mu en suelo inglés. Un Real ordinario sobado por un adversario con más fútbol y volumen desde el calentamiento hasta la última traca. Un City futurista camino de su segunda final, la cumbre de Estambul, donde el próximo 10 de junio le espera el Inter. De nada sirvió que Courtois detuviera a Haaland, ese futbolista llegado del más allá que se fue seco de la eliminatoria. Lo mismo dio. En el City no faltan solistas en un cuadro coral. En el Etihad, Bernardo Silva al frente con dos goles. Remachó el grupo local con un autogol de Militão y también sacó el mazo Julián Álvarez. Un City con Rodri por bandera. Un Madrid de garrafón, tan mustio que Vinicius, ese polvorilla de primera, fue un simple monaguillo. Un reflejo de un Real increíblemente chato, un ambulante por Mánchester.

