Con el club desahuciado, sin apenas esperanzas, un gol pareció cambiarlo todo. En el minuto 87 el canterano Alex Calvo, tras una jugada pasional, marcaba el empate del Málaga CF ante un Las Palmas de camino al ascenso. Puro fútbol que significó más que un punto: de repente afición y plantilla creyeron que aquel punterazo cambiaba el rumbo, que había margen para mantener la categoría a pesar de que la salvación estaba a diez puntos. Arrancó una racha positiva digna de posiciones de altura, pero era tarde. La derrota de la semana pasada ante el Alavés puso la rúbrica definitiva para certificar el descenso de la entidad malaguista a Primera RFEF. El club arranca ahora una etapa de descomposición con el objetivo de recomponerse lo antes posible. No será fácil bajo una administración judicial, con su accionista mayoritario investigado por la Justicia, un nuevo Expediente de Regulación de Empleo (ERE) y una importante caída de ingresos.

