Al final de la primera parte en Wolverhampton, sentado en el banquillo, abatido, con la mirada perdida, Jürgen Klopp era la bandera del Liverpool, un equipo deprimido que se encaminaba a su cuarta derrota en los seis partidos de Premier disputados tras el parón por el Mundial, un tiempo de apenas poco más de un mes en el que los reds se han quedado también fuera de la Copa y de la Copa de la Liga.

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