La primera vez que vino a España a hacer el Camino de Santiago, en 2010, tuve una revelación que me cambió la vida: descubrí la SD Ponferradina. No sé muy bien lo que me ocurrió la primera vez que pisé el estadio de El Toralín… Es difícil de explicar con palabras. Se despertó en mí una especie de sentimiento de pertenencia, una fascinación que me convirtió en un verdadero peregrino, aunque de la Ponfe. Cada temporada viajo desde York, la ciudad del norte de Inglaterra donde vivo, para asistir a una media de diez o doce partidos del equipo.

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