La muerte de Mircea Lucescu (1945-2026) ha dejado ‘huérfano’ al mundo del fútbol. El rumano entregó su vida al fútbol, primero como jugador… y más tarde como entrenador. Tan es así que falleció ‘con las botas puestas’: sufrió un infarto después de que Rumanía cayera ante Turquía en los ‘playoffs’ para ir al Mundial.

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