La nutrición es la madre del nuevo ciclismo, el del ataque y el gasto controlado, el de la locura y la ciencia, y el glucómetro, una herramienta que se ha convertido en imprescindible. El aparato, de moda ahora, ya antiguo para los nutricionistas y entrenadores, es un disco del diámetro de una moneda de dos euros que se adhiere al antebrazo, y se clava a la piel y calcula en los intersticios del cuerpo la concentración de glucosa en la sangre. Él y la ciclista lo conectan a su teléfono y tienen información al segundo, con un lapso de 10 minutos, del efecto de la alimentación en sus reservas energéticas. La Unión Ciclista Internacional (UCI) permite su utilización en los entrenamientos, pero no en competición, razón por la que la ciclista norteamericana Kristen Faulkner fue descalificada tras terminar tercera en la Strade Bianche.

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