Fue aquí, en Nueva York, donde el nombre de un joven larguirucho y de Leganés, de tan solo 17 años entonces, empezó a sonar. “Creo que lo he conseguido gracias a mi mentalidad y a mi forma de ser”, contestaba Rafa Jódar como anticipo, después de haberle dado la vuelta a la final júnior contra un noruego (Budkov Kjaer) que asomaba ese día y en ese torneo como primer cabeza de serie y gran favorito. Aquella tarde, el madrileño ya insinuó por dónde podían ir los tiros: un tenista de cabeza dura, de esos que engatillan sin pensárselo. Hoy, aquel chaval sigue siéndolo, pero su vida ha dado una enorme vuelta. Jódar apunta con decisión al top-10 y del nórdico poquito se ha sabido. Es el 149º del mundo, que no es poco. Pero hasta ahí.

