El golpeo de la bola, el barrido de la tierra y el ruido metálico de las gradas portátiles son los tres sonidos que se escuchan con mayor frecuencia en las instalaciones del Reial Club Tenis de Barcelona (RCTB) durante la semana que dura el Godó. Un torneo singular y especial. “Distinto, diferente”, transmiten los tenistas, que estos días van y vienen por el tranquilo barrio de Pedralbes, situado en la zona alta de Barcelona y que durante dos meses cambia de fisonomía al elevarse una pirámide de hierros y lonas que se levanta más de 20 metros. Es la pista central, llamada Rafa Nadal desde 2017, con una capacidad para 8.000 personas –gracias a la ampliación de 2012– y cuyas gradas son trasladables, al igual que las de la uno y la dos.

