No esboza casi sonrisas, por más que tenga motivos, pues la procesión le va por dentro. Corpachón, barba recortada y carisma por su naturalidad, Michael Block, norteamericano de 46 años que está causando la sensación en Oak Hill, en décimo lugar llegado al ecuador del PGA Championship. Block lo está logrando allí donde los mejores se estampan con el rough o con los greens, apenas con nueve jugadores -de un total de 156 participantes- bajo el par tras dos jornadas. “Estoy tranquilo, disfrutando, compartiendo el campo con los mejores golfistas del mundo”, resolvía cuando le hicieron una entrevista tras sus primeros nueve hoyos, entonces al par. Pero después, concluida la jornada, cerrada al par como también haría con la segunda para la sorpresa de todos, se desmontó. “¿Qué le parece ir, por ejemplo, por delante de Jon Rahm?”, le cuestionaron los periodistas. De repente, Block se emocionó y a duras penas pudo contener las lágrimas. “No sé por qué me emociono, pero lo hago”, admitió con palabras entrecortadas este profesional de club. O, lo que es lo mismo, un jugador que no se dedica a competir sino que lo hace de vez en cuando, invitado o por derecho adquirido en torneos secundarios, por la PGA América, puesto que, para rendir tributo, regala 20 plazas cada curso a aquellos profesionales que elevan el golf. A profesores del deporte.

