El Real Madrid cayó con estrépito en Londres, poniendo casi imposible el pase a semifinales. El hundimiento fue rotundo a partir del cañonazo extraordinario de Declan Rice que abrió la vía de agua que desarboló al equipo blanco. Desde ahí, el Madrid desapareció del césped, sin respuesta en el césped ni en el banquillo, agravando todos los síntomas que lleva semanas mostrando. Sin chispa, sin alma, sin fútbol. Una noche trágica, impropia del campeón de Europa. Difícil creer en un milagro en ocho días. 

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