La vida no permite contentar siempre a todos. Al menos, al mismo tiempo. La máxima filosófica de la suma cero, de los vasos comunicantes, funciona prácticamente en todos los ámbitos en los que están en juego el dinero o la felicidad: la de unos depende generalmente de la desgracia de otros. La regla, sin embargo, no funciona para determinados partidos de fútbol a final de temporada. El otro día le preguntaron a Xavi por el bodrio de encuentro entre el Barça y el Getafe. Y para explicarlo desempolvó el exuberante diccionario del calcio. El empate beneficiaba a ambos, admitió el técnico. Pero de ahí a que hubiera “biscotto”… El término -galleta en italiano- se usa para hablar de aquellos partidos en los que ambos equipos necesitan solo un punto y el empate aparece como una solución que no hace falta ni verbalizar. Italia es la cuna ideológica y etimológica de este fenómeno.

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