El Barça llegaba al envite después de haber caído en los dos últimos compromisos europeos, otra señal de que al equipo le falta cuajo para imponer su ley. Por algo su curso evoca a la afamada montaña rusa del Dragon Khan, conjunto de arrebatos y rachas, capaz de lo peor y de lo mejor, irregular por definición. Pero su plantel da para mucho y su baloncesto, cuando encajan las piezas, también. Eso explicó ante una desbravada Virtus Bolonia en La Galia del Palau, donde solo ha perdido un partido en la Euroliga, victoria para atornillarse como segundo en la competición tras el Madrid, un paso más cerca de los playoffs europeos. Un triunfo, también, de Willy Hernángomez, que recobra el color tras ser señalado por el técnico —reducción de minutos— por su tiritera en defensa.

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