Ruge, zumba, tiembla como una colmena de abejas. Incansable antes, durante y después del partido. No importa el rival ni el resultado: la Südtribüne, la tribuna sur del Signal Iduna Park —nombre comercial del histórico Westfalenstadion, construido en 1974—, es un acto colectivo de fe, pertenencia y resistencia. Con capacidad para 81.365 personas, es el mayor estadio de Alemania. Allí, el Muro Amarillo (Gelbe Wand), una grada que se asemeja a una imponente pared vertical viva, reúne a 24.457 aficionados del Borussia Dortmund que inundan de amarillo y negro el estadio. En cada encuentro constituye el jugador número 12 del Dortmund, intimidando y generando un infierno para cualquier equipo rival. Este miércoles, cuando el Barcelona cruce el túnel en la vuelta de los cuartos de final de la de Champions, será probablemente lo primero que vea. El objetivo culé, con el 4-0 de la ida en el bolsillo, será silenciarlo. Pocos, o ninguno, lo han logrado.

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