Aún tuvo que certificar la tecnología que la bandera levantada de la asistente no tenía razón de ser, que esa pelota postrera había llegado a Muñoz procedente de Giménez, antes de que Las Palmas se diera por fin a la fiesta, consciente el equipo, consciente la afición, de que ese gol es oxígeno para seguir respirando en la pelea por la permanencia. Semana Santa y en Canarias, el Atlético se lo había tomado como escapada de vacaciones. Y así le fue. Con Giuliano como digna excepción para la norma, nadie pareció en el equipo rojiblanco especialmente preocupado por otros tres puntos que se escapaban para sepultar de manera definitiva cualquier opción clasificatoria que no pase por asegurar la enésima participación consecutiva en la Champions.

