El vértigo desploma al Arsenal, que se cae en la Premier después de dominar el campeonato con brazo de hierro durante ocho meses. Aquel combo excitante que avasallaba a sus rivales con el juvenil atrevimiento del equipo con menor media de edad de la competición es hoy un grupo atribulado, con capacidad para rebelarse ante la adversidad, pero con carencias que le convierten en vulnerable; aquel estadio que todavía se agita con la ilusión de ganar una liga que hace 19 años que no festeja, se debate entre murmullos y mohines, por más que no deje de vibrar.

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