Noruega dio un paso de gigante en el Mundial tras imponerse a Senegal (3-2) en el MetLife Stadium, en una noche que confirmó muchas de las virtudes de los nórdicos y dejó al descubierto todas las grietas de su rival. Mientras Haaland volvió a demostrar que necesita muy poco para decidir partidos y Odegaard silenció por fin las críticas, el equipo africano terminó pagando en el césped una semana marcada por la tensión, las dudas y un conflicto interno que acabó explotando de la peor manera posible.

