Cuando Eileen Gu (San Francisco, 22 años), aún torpe para sostenerse en pie, aprendió a dominar los esquís en las laderas del lago Tahoe, muros de interminables pinos donde Francis Ford Coppola brindó un hogar a la familia Corleone en El padrino II, Lindsey Vonn ya había acariciado la medalla olímpica en dos ediciones de los Juegos de invierno. Es una de las muchas paradojas que unen a dos nombres, dos inconfundibles estrellas de la nieve moderna, que, con 19 años de diferencia, confluyen desde esta semana en lo más alto de los Dolomitas italianos, sede de las vigesimoquintas Olimpiadas invernales de la historia.

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