Hay gestos que dicen mucho de lo que siente un jugador y vivimos tiempos en los que nada de lo que sucede en la pista pasa desapercibido para las cámaras. Si eres una estrella, siempre habrá una apuntándote. Por eso resulta evidente la frustración de Luka Doncic, al que se ha visto descomponerse tras una pérdida de algún compañero en los instantes decisivos de un final igualado, abroncar a alguno de ellos y, en la derrota ante los Cavaliers, no chocar la mano con Dwight Powell.

