En ocasiones, el infortunio engancha, muerde y no suelta. Bien lo sabe Paula Badosa, una tenista que ayer y hoy sufre. Quiere, lo intenta, lo persigue. Se rebela ella. Pero no hay manera. Llega otro abandono originado por el dolor y la catalana, a la que instantes antes se le escapaba el llanto en pleno partido, más que harta ya del castigo, abandona la pista de Pekín envuelta en la toalla y maldiciendo por dentro, abatida y resignada porque la sombra de las lesiones le atrapó y no la libera. Reaparecía la semana pasada, después de otros tres meses en la reserva, pero la alegría le ha durado apenas diez días. Al sexto juego frente a la checa Karolina Muchova, frena y opta por marcharse.
ROMA 2023, EL INICIO DEL CALVARIO
El 12 de mayo de 2023, la tenista de Begur sufrió una “fractura por estrés” de la vértebra L4. La dolencia hizo que tuviera que recurrir a los pinchazos de corticoides para seguir compitiendo.
En agosto da por zanjada la temporada. Tras no poder jugar en Roland Garros y forzar en Wimbledon, decide parar hasta el siguiente curso tras el abandono en el WTA 1000 de Montreal.
Amaga con reaparecer en la Billie Jean King Cup de Sevilla, a mediados de noviembre, pero a última hora se resiente de la dolencia en la zona lumbar y se cae de la convocatoria.
La lesión le desplaza del ‘top-100’ (llega a ser la 141ª) y tras medio año de altibajos, tratamientos y descartes, retoma el impulso a partir del verano de 2014, en Washington.
Las semifinales de Australia le devuelven el vuelo en enero de 2025, encaramándose al décimo puesto, pero la espalda vuelve a comprometerle durante la gira norteamericana de marzo.
Hoy, Badosa es la 18ª del mundo, aunque la próxima semana caerá del ‘top-20’. Este año ha disputado 31 partidos, distribuidos en 14 torneos. Su balance es de 18 victorias y 13 derrotas.

