OMG (oh my god, oh dios mío), estampa Matteo Arnaldi sobre la lente de la cámara, feliz, después de haber vencido a Novak Djokovic (6-3 y 6-4, en 1h 41m) y de haber eliminado así otro aliciente en el torneo de Madrid. Se despidió hace un año Rafael Nadal, que ahora solo visita la capitán española por asuntos de ocio, actos o negocios, nada de darle a la raqueta; ni está ni se le esperaba al número uno, Jannik Sinner, castigado hasta el 4 de mayo por el clostebol; ni siquiera han podido saltar a la pista Carlos Alcaraz y Paula Badosa, los dos estandartes actuales del tenis español, ambos lesionados; de los 11 representantes nacionales, tan solo Alejandro Davidovich sigue aún en pie, cara a cara con el gigantón Alexander Zverev; y, al ritmo de las bajas, el reciente campeón del Godó, Holger Rune, tuvo que desistir cuando su rodilla reclamó una tregua el primer día.

