La semana pasada, Novak Djokovic abandonó la arena de Montecarlo enfurruñado, después de haber perdido en su primera aparición de la actual gira de tierra batida –su segundo partido de la temporada– y con un contratiempo todavía mucho mayor recorriéndole la mente. “Después de jugar así la sensación es muy mala, así que no puedo decir nada. No estoy de humor…”, le respondió al periodista que le preguntó por cómo estaba su codo, envuelvo por un protector oscuro y que durante el duelo contra el italiano Lorenzo Musseti le devolvió a los viejos fantasmas. De nuevo, la articulación. En la ronda previa, el número uno ya había tenido serios problemas para doblegar al ruso Ivan Gakhov (198º del mundo) y se marchó del Principado verdaderamente contrariado.

