La convocatoria urgente a la prensa por parte de Florentino desató una expectación que en cierto modo no se vio defraudada, porque fue un acto único. Hacía tiempo que no se le veía, salvo en esa foto en lo alto de una silla de juez de tenis ante Nadal, Sinner y compañía. Le vimos cambiado. Su aparición de ayer hizo pensar que quizá gente que le quiere le estaba aconsejando guardarse, porque esta irrupción fue esperpéntica. Nervioso, maniático, repetitivo, obsesivo, narciso tardío. Moviendo el micrófono sin sentido, revolviendo papeles, insistiendo media docena de veces o más en unos pocos temas, metiéndose en discusión estéril con un colega… No es el que fue aunque, felizmente y en eso no hay por qué no creerle, no esté atrapado por ninguna enfermedad que no sea el paso de los años.

