No solo hay partidos buenos, malos o regulares sino que también se cuentan los furtivos, aquellos que se juegan con poco público —55.899 espectadores—, a deshora —21.30— y sin fútbol, como el perpetrado por el Barcelona y el Celta. Acostumbran a ser encuentros que se sabe de su disputa por los goles, que fueron muchos, por los accidentes —Araujo fue evacuado en ambulancia después de un choque con Gavi—, y porque no afectan a los jugadores hipotensos como Dembélé, decisivo la noche que los azulgrana certificaron su aspiración de ser subcampeones de Liga.

