Le escuché decir al Mono Navarro Montoya que un día, entrenando con Boca Juniors junto al recientemente fallecido Loco Gatti, éste le dijo que cada golpe que se daba le restaba años de vida. Que por ese motivo volaba para atajar balones sobre su portería lo estrictamente necesario. Ayer el que voló de forma acrobática fue Eduard Camavinga sobre la hierba del Coliseo y no sólo se quitó a sí mismo algún año de vida sino que Carlo Ancelotti quizá viaje a Brasil más canoso de lo que ya está al comprobar que no podrá contar con su número 6 para la final de Copa donde le aguardaba el mayor reto del partido: frenar a Lamine Yamal.

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