Cuando después de una hora de tortura, retiró del campo a Luka Modric, Carlo Ancelotti se fue a recibirlo en la salida. Le echó un brazo por encima del hombro y le revolvió el pelo. Cariño y respeto para un símbolo. También quizá un pequeño gesto para compartir la desesperación de una noche en la que la maquinaria no había fluido. Dani Carvajal esbozó poco después un resumen bastante preciso de lo que había sucedido en el campo: “El rival ha sido mejor de principio a fin. Nos han sometido. Nos ha faltado un poco de valentía. Hemos estado demasiado metidos atrás”.

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