Expone Carlos Alcaraz y conforme va cogiendo cuerpo la frase del tenista, se reduce el ritmo del discurso, preguntándose en alto el murciano el porqué de la cuestión. De la lentitud: ¿Qué demonios está sucediendo en este Wimbledon en el que todo parece ir más despacio? Efectivamente, se mantiene la tendencia de las dos últimas décadas, en las que el tenis sobre hierba ha ido transformándose de una manera llamativa. Lo ilustra a la perfección el cambio de paisaje: allá quedaron los cuadros de saque pelados, esa zona del todo o nada en la que se decidía la historia; ahora, desde hace ya tiempo, lo que clarean son los fondos, donde las pisadas eliminan las hebras y los jugadores dirimen la mayoría de los partidos.

