El fútbol es una emoción comunitaria. En cualquier partido hay una comunión de miles que abrazan la pasión por un equipo. Gente de distintas razas, procedencia social e ideología, olvida sus diferencias y es amigada por una corriente de complicidad nacida de un sufrimiento compartido. No es tan raro que dos desconocidos se fundan en un abrazo por algo tan normal y feliz como un gol. Aman a un mismo equipo, y no hacen falta más explicaciones.

