El Real Madrid jugó un partido importantísimo este domingo: un partido sin historia, un partido sin chicha, un partido que resolvió en la primera media hora sin muchos alardes; uno de esos partidos que nadie recordará dentro de cuatro días más que para alguna estadística del tipo ‘Camavinga es el primer jugador francés del Real Madrid que se ata los cordones en campo propio en el minuto 32 de la primera parte jugando contra el Valladolid’. El Madrid jugó un partido sin vértigo, sin remontada, sin emociones porque la Liga está sentenciada, con mucho público porque se disputó a la hora del fútbol antiguo. Y esos partidos enseñan más que muchas Champions entre prórrogas y locuras varias: la vida son días en que no pasa nada pero te llevas los tres puntos a casa; la vida, en general, no es lo irrepetible sino lo olvidable.

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