El 5 de septiembre, los alumnos de la Northwest High School, en Justin (Texas), formaron un pasillo para despedir a Cooper Lutkenhaus. Su compañero, un adolescente más, se marchaba rumbo a Tokio. Este chico se había ganado la plaza en Eugene después de dar una exhibición totalmente inesperada en los campeonatos nacionales de los que iba a salir la selección de Estados Unidos para el Campeonato del Mundo. Lutkenhaus, de 16 años, siete meses y 16 días, corrió en la final y llegó a los últimos 200 metros en séptima posición. Ahí, con la insolencia propia de la juventud, pensó que no era menos que nadie y se lanzó a por una cacería para la historia. El tejano apretó los dientes y cruzó la meta en segunda posición con una marca asombrosa (1m 42,27s) que se acababa de convertir en el nuevo récord del mundo sub-18 por más de un segundo.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *