Detenerse hoy frente a un surtidor en cualquier carretera española genera una sensación de intranquilidad, cuando no angustia. Con la gasolina de 95 escalando hasta los 1,74 euros/litro y el gasóleo disparado hasta los 1,85 euros, el conductor percibe que su cuenta bancaria sufre un asalto constante cada vez que la manguera hace clic. Resulta sencillo imaginar que el dueño de la estación de servicio se frota las manos mientras los precios suben, pero a lo mejor te llevas una sorpresa cuando ‘destripemos’ cada céntimo de ese billete de 50 euros con el que ahora tal vez solo llenes medio tanque.

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