El Tour de Francia arrancó en Lille con un día tan nervioso como histórico, repleto de simbolismos, velocidad y drama. Los 184,9 kilómetros que conformaron esta primera etapa, con inicio y final en la capital del Norte, fueron un guiño a la tradición del ciclismo francés, pero también una declaración de intenciones de lo que promete ser una edición eléctrica desde el primer pedalazo. Los abanicos, las caídas, los cortes y los ataques fueron el pan de cada kilómetro, en una jornada que alcanzó una media de 46 km/h pese a contar con tramos en cuesta y múltiples sobresaltos.

