Cuando todo apuntaba a la prórroga, Martinelli le dio un pase agónico, pero merecido, a los octavos de final a la Brasil de Carlo Ancelotti. La aguerrida Japón le complicó mucho la existencia a la pentacampeona del mundo cuando se puso por delante a la media hora de juego. Tuvo que sudar Brasil para voltear el marcador y lo hizo a lomos de un inagotable Casemiro y el empeño regateador de Vinicius. Ambos lideraron una victoria que les medirá a Noruega o Costa de Marfil en octavos. Japón pagó su exceso de conservadurismo, un país que quiso crecer imitando el jogo bonito brasileño se ha reconvertido a una propuesta cicatera que le apea del Mundial. Fue una dura prueba para Brasil tener que lidiar con una remontada teñida de épica y sufrimiento. La eliminación hubiera desatado otro de esos traumas da bola (trauma de la pelota) que tanta literatura han generado en el país del fútbol.

