Boris Becker (Leimen, Alemania; 57 años) clava sus ojos aturquesados a primera hora de la mañana sobre una reducida selección de interlocutores de los medios internacionales, entre ellos EL PAÍS. Está delgado, tiene la piel blanca y la perilla combina las canas con un toque rojizo. “Agua, por favor”, solicita conforme su garganta va secándose, generoso siempre en la contestación. El alemán responde en condición de comentarista de los canales Eurosport y Max, que emiten en directo y en exclusiva todos los partidos de Roland Garros, y admite tener una espinita clavada: conquistó Melbourne, nadie triunfó siendo más joven que él en Wimbledon (17 años y siete meses) y su tenis le dio también para triunfar en Nueva York, además de haber alcanzado la cima.

